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14 julio, 2008 / pepa

Ocaso de las peleas de gallos


[Chaparral, Nuevo México, Estados Unidos] [Lo encontré en el New York Times, y lo traduje. Es un tema que hace pensar].

Después de Dos Semanas de Preparación, Ciento Cincuenta Agentes, respaldados por un helicóptero, entraron silenciosamente en este somnoliento pueblo del desierto. No se interesaban en la inmigración ilegal ni el tráfico de drogas, sino en un delito menos apremiante: las peleas de gallos.
Pero cuando allanaron lo que se había anunciado en diciembre como el Derby de Navidad de las Peleas de Gallos, esperando hallar a unas trescientas, no encontraron más que una docena de personas. Los apostadores habían sido avisados, dijo la policía, y los agentes pasaron partes por faltas menores, antes de requisar doce estridentes gallos.
El año pasado, Nuevo México se convirtió en estado número 49 en poner las peleas de gallos fuera de la ley. (En agosto, Louisiana será el último estado en implementar la prohibición). El estado ha destinado enormes recursos para terminar con este deporte, pero con sólo una condena por una falta menor, sigue proliferando, dicen apostadores y funcionarios policiales.
Y las penas livianas -por primera vez es una falta menor- no solamente han fracasado en cuanto a terminar con las peleas, sino que siguen atrayendo a apostadores de cuatro de los cinco estados adyacentes de Nuevo México, donde el deporte es un delito grave.
“Parece que siempre van un paso más allá de nosotros”, dijo Robyn Gojkovich, que en mayo fue nombrada la primera investigadora de control animal a tiempo completo del estado.
Ed Lowry, 51, un panzudo criador de gallos de Chaparral, asintió.
“No están cerrando nada”, dijo Lowry, que no ha sido acusado, pese a que en el allanamiento de diciembre le requisaron su camión y sus ordenadores.
Lowry, que todavía posee sus preciados gallos, dijo que rechaza constantemente invitaciones a pelear. Como director de la New Mexico Gamefowl Association, un grupo gremial de las peleas de gallos, sin fines de lucro, ha defendido las peleas ante tribunales, donde las apelaciones basadas en la soberanía cultural, religiosa o tribal no han logrado obtener excepciones a la prohibición.
“Una pelea de gallos me muestra lo que debe ser un americano”, dijo. “Te defiendes hasta la muerte”.
Para eludir a la policía, dicen agentes de policía, los promotores han mudado las peleas de las grandes arenas a sitios clandestinos en extensas propiedades. Hay puestos de observación en la cima de polvorosas mesas, y los portavoces que antes bramaban música mariachi, ahora están sintonizados con radios policiales.
Pero los policías no se rinden. Insisten en que sus agresivas operaciones -los allanamientos, el investigador de tiempo completo, una brigada especial para las peleas de gallos- están enviando un mensaje en una guerra de desgaste.
Aunque, nacionalmente parece que los defensores de los derechos animales están ganando esa guerra, y se han beneficiado de un caso muy publicitado. La condena de la estrella del fútbol americano, Michael Vick, en una operación de peleas de perros en 2007, ha colocado los casos de crueldad animal en primera plana.
La circulación de la revista dedicada a las peleas de gallos más grande del país, The Gamecock, ha bajado de ocho mil después de tener catorce mil en la última década, cuando los estados aumentaron las penas por crueldad animal. Y la comunidad más amplia de aficionados a las peleas, que llegó a ser una industria en el estado, de unos ochenta millones de dólares, está sufriendo. En Nuevo México, las ganancias de las tiendas de mascotas y hoteles en bastiones de las peleas de gallos han bajado en hasta un setenta por ciento, dicen algunos dueños.
Algunos agentes de policía en este estado dicen que la presión para una mayor implementación de parte de los defensores de los derechos animales ha sido tan intensa que se están desviando recursos de crímenes más graves, como conducir en estado de ebriedad y abuso de anfetaminas.
Durante años el gobernador del estado, Bill Richardson, demócrata, ha evitado el problema. En 2006, Jay Leno lo ridiculizó en el ‘Tonight Show’, por decir que había buenos argumentos a los dos lados del problema. En esa época, el deporte ya era un delito grave en 33 estados. Pero en marzo de 2007, Richard firmó la medida que pone fuera de la ley al deporte. Fue ampliamente criticado de apoyar esos proyectos de ley solamente porque entonces era candidato a la presidencia.
“No puedes actuar a nivel nacional y que la gente diga que tú no tienes problemas con un deporte violento”, dijo el sheriff Darren White, del condado de Bernalillo, donde los agentes cursaron dos partes por faltas relacionadas con las peleas de gallos en un allanamiento el 21 de junio.
La oficina de Richardson dijo que no haría comentarios sobre el tema.
El sheriff White, un republicano que es candidato al Congreso, dijo que la prohibición ha transformado a la opinión pública en cuanto a la crueldad animal. Los defensores de los derechos animales coinciden.
“Nuevo México está a punto de tener una cultura moderna”, dijo Heather Ferguson, directora de Protección Animal de Nuevo México, un grupo de presión por los derechos animales. Ferguson dijo en una línea directa abierta recientemente para denunciar casos de crueldad animal, que estaban recibiendo unas noventa llamadas cada quince días.
A medida que aumenta el apoyo público, también aumentan los costes. El allanamiento de Chaparral le costó a los cuatro condados implicados más de veinticinco mil dólares. Y varios agentes de policía de alto rango, que pidieron no ser identificados porque no están autorizados a hablar con periodistas, dijeron que aunque ellos se oponen a las peleas de gallos, les frustra que los políticos enfaticen tan desproporcionadamente ese delito.
“Ni siquiera investigamos otros delitos menores”, dijo un agente. “Nos reímos de esas investigaciones”. Sobre un allanamiento de un local de peleas de gallos, dijo: “Gastamos cien mil dólares en una falta menor reciente. Preferiría usarlos en otra cosa. Me siento bien cuando salvamos pollos, pero ¿es una falta menor?”
Otros defienden los allanamientos, mencionando los vínculos entre las peleas de gallos y otras empresas criminales, como las apuestas ilegales.
“No vas a desarmar una organización de peleas de gallos con dos o tres personas”, dice el sheriff White. “Este no es un juego de cartas amistoso. Hay mucho más en juego”.
Ferguson dijo que le gustaría ver algo más de acciones legales en el asunto. Está buscando doscientos mil dólares en dinero adicional del estado para solventar posiciones como fiscal de dedicación exclusiva para casos de crueldad animal. Además, está trabajando para que se prohíba el deporte en Nuevo México. De aquí a un año, Protección Animal de Nuevo México estará pidiendo un millón cien mil dólares para tres nuevos refugios animales que deberían estar listos en 2010.
Durante dieciséis años, Richard y Louisa López administraron una arena de peleas de gallos de trescientos diez asientos, en su finca en Luis López, Nuevo México. Los treinta mil dólares que ganaban anualmente con esa operación les ayudaba a pagar sus gastos en la finca, y enviar a sus hijos a la universidad. El mes pasado, utilizaron la arena para su reunión de familia y una fiesta para un recién nacido.
“A veces no tenemos para comprar diesel”, dijo López. “Y este es el lugar que mantiene mi finca en pie”.
En enero, los tribunales desecharon una demanda presentaba por la New Mexico Gamefowl Association, reclamando indemnización. Gojkovich, investigadora de control animal, no mostró ninguna simpatía.
“Que vayan a buscar trabajo al Wal-Mart”, dijo.
[Adam B. Ellick]
[14 de julio de 2008]
[6 de julio de 2008]
new york times]

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