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9 octubre, 2008 / pepa

perra rica 2


[Felizmente, las leyes de sucesión y sobre fideicomisos favorecen la intención de los donantes]. Lo leí en The New York Times, y lo traduje:

En Su Testamento, la Multimillonaria Helmsley Dejó Miles de Millones de Dólares a los Perros.
Cierto, la hostelera y magnate inmobiliaria Leona Helmsley dejó en su testamento doce millones de dólares a su perra, Trouble. Pero eso, según se pudo ver después, es nada en comparación con lo que podrían recibir otros perros de parte del fideicomiso de la señora Helmsley, que murió en agosto pasado.
Sus instrucciones, especificadas en dos páginas de misión, son que todo el fondo, avaluado entre cinco mil y ocho mil millones de dólares, y comprendiendo prácticamente toda su patrimonio, sea utilizado para el cuidado y bienestar de los perros, de acuerdo a dos personas que han visto el documento y que lo describieron a condición de mantenerse en el anonimato.
Sin embargo, todavía no está claro que todo el dinero se destine a los perros. Otra disposición de la misión dice que los fideicomisarios de Helmsley pueden usar su propio criterio en cuanto a la distribución del dinero, y algunos abogados dicen que eso no significa demasiado, dado que las instrucciones no fueron incorporadas ni al testamento de Helmsley ni en los documentos del fideicomiso.
“La misión es una expresión de sus deseos, pero legalmente no es necesariamente vinculante”, dijo William Josephson, abogado que fue director de Charities Bureau en la oficina del fiscal general del estado de Nueva York de 1999 a 2004.
Sin embargo, las antiguas leyes favorecen el respeto de las intenciones del donante, y la misión es la única expresión clara de las intenciones benéficas de Helmsley. Ese testamento hace difícil que sus fideicomisarios, así como el juzgado de sucesiones y los inspectores de beneficencia del estado, lo ignoren.
Las dos personas que describieron la misión dijeron que Helmsley la firmó en 2003 para fijar los objetivos del fondo de varios millones de dólares que deberá desembolsar recursos después de su muerte.
El primer objetivo era ayudar a los indigentes; el segundo, velar por el bienestar de los perros. Pero al año siguiente, dijeron, ella borró el primer objetivo.
Howard J. Rubenstein, portavoz de los albaceas de la herencia de Helmsley, dijeron que no querían hacer comentarios sobre la misión porque todavía están tratando de determinar las instrucciones del fondo.
La señora Helmsley, viuda de Harry B. Helmsley, que construyó un imperio inmobiliario en Manhattan, era conocida por tener la lengua muy afilada y por su impaciencia. Se convirtió en un símbolo conocido por todo el mundo cuando apareció en algunos elegantes anuncios de los hoteles Helmsley. “Es el único lugar del mundo donde la reina hace la guardia”, proclamaban los anuncios del Palacio Helmsley.
Pero para muchos estadounidenses, se convirtió más tarde en símbolo de desenfrenada arrogancia, especialmente después de que fuera condenada en 1989 por la evasión de 1.2 millones de dólares de impuestos federales. Fue el tema de una película de televisión en 1990, ‘Leona Helmsley: The Queen of Mean’, con Suzanne Pleshette como protagonista principal, y de al menos tres libros.
Cuando murió el año pasado a los 87 años, dejó todo excepto algunos millones de dólares de su enorme fortuna, a lo que se convertirá en una de las doce fundaciones más importantes cuando termine el proceso de sucesión. Cuando murió, tenía 2.3 mil millones de dólares en activos líquidos, de acuerdo a la petición de sucesión, y sus propiedades inmobiliarias deben producir entre tres mil y seis mil millones de dólares adicionales.
Incluso si el resultado final se sitúa en el extremo bajo de los cálculos -algo así con cinco mil millones de dólares-, el fondo ascenderá a casi diez veces los capitales combinados de 7.381 organizaciones sin fines de lucro relacionadas con asuntos animales inscritas en el Servicio de Impuestos Internos en 2005.
Los cinco albaceas -el hermano de la señora Helmsley, Alvin Rosenthal; dos de sus nietos, Walter y David Panzirer; su abogado, Sandor Frankel; y su amigo de toda la vida, John Codey- están encargados de disponer de sus propiedades inmobiliarias.
También son los fideicomisarios del Fideicomiso Leona M. y Harry B. Helmsley, y, de acuerdo con las dos personas que comentaron la misión, están inquietos por la indignación pública que podría estallar si se revelaran sus condiciones.
Tienen razón para preocuparse: El año pasado, las noticias de que el principal beneficiario en el testamento de la señora Helmsley era Trouble, su maltés, resultaron en amenazas de muerte contra el perro, por lo que ahora se están gastando cien mil dólares al año en seguridad. Pero tampoco pueden quedarse de brazos cruzados durante demasiado tiempo sin llamar la atención de la fiscalía, que supervisa el destino de los fondos de beneficencia en el estado de Nueva York.
Los fideicomisarios contrataron hace poco los servicios de una asesoría filantrópica para que les ayude a decidir cómo seguir siendo fieles a las intenciones de la señora Helmsley, al mismo tiempo que prosiguen los objetivos benéficos más amplios de la fundación.
La juez Renee R. Roth, del Tribunal Testamentario de Manhattan también tendrá algo que decir. Ya ha demostrado su disposición a mostrarse flexible, reduciendo el tamaño del fideicomiso de Trouble a dos millones de dólares, de los doce millones de dólares originales prescritos en el testamento de la señora Helmsley, y determinando que la diferencia se destine al fondo de beneficencia pendiente.
La juez Roth también accedió a un acuerdo entre los fideicomisarios y dos nietos de Helmsley que fueron dejados explícitamente fuera del testamento. El acuerdo otorga a esos nietos seis millones de dólares.
Los fideicomisarios tienen muchos modos de gastar el dinero de Helmsley en los perros. Organizaciones nacionales como la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos y la Sociedad Americana para la Prevención de la Crueldad contra los Animales tienen programas dedicados a los perros, y muchas organizaciones locales más pequeñas se dedican al rescate de perros abandonados y maltratados.
Los fideicomisarios también podrían utilizar el dinero del fondo para patrocinar escuelas de veterinaria o en la investigación de enfermedades caninas.
Su objetivo de ayudar a los perros no fue el único capricho póstumo de la señora Helmsley. En su testamento instruye que su tumba, en el Cementerio de Sleepy Hollow, en Nueva York, sea “limpiado con ácido o vapor” una vez al año.
También legó a dos de sus nietos la suma combinada de diez millones de dólares a condición de que visiten la tumba de su padre, exigiendo que se coloque un libro de registro en el mausoleo para probar que han pasado por ahí.
[Stephanie Strom]
[8 de octubre de 2008]
[2 de julio de 2008]
new york times]

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