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31 diciembre, 2008 / pepa

Quién mató a los perros de la protectora – ACTUALIZADO


El miércoles 3 de diciembre de 2008 la policía de Investigaciones allanó el local de la Sociedad Protectora de Animales Benjamín Vicuña Mackenna, en calle Libertad, Santiago, tras recibir una denuncia por maltrato animal y luego de al menos cinco meses de investigación, seguimiento y observación de las actividades en el recinto. En el allanamiento -que empezó poco antes de las ocho de la mañana- participaron no solamente detectives. Al operativo llegaron también, junto con los policías, periodistas de televisión y fotógrafos de la prensa escrita, estudiantes de veterinaria de la Universidad Mayor, activistas de CEFU, la Coalición por el Control Ético de la Fauna Urbana, y hasta bomberos.

Las imágenes que vimos por televisión causaron la consternación e indignación de la ciudadanía. La imagen más impresionante, ciertamente, muestra dos hileras de cadáveres de perros y gatos, que según policías y estudiantes fueron encontrados muertos en el lugar. Esta es la versión que más se difundió en la prensa y es probablemente la que tiene en mente la mayoría de la opinión pública cuando recuerda este episodio. Otras tomas de los telediarios y especialmente del video preparado por el canal Megavisión, muestran caniles sucios y con excrementos. Algunas versiones sostienen que en los caniles convivían perros enfermos y sanos, y que en algunos de ellos se habían encontrado cadáveres. En la prensa oficial y en medios independientes en la red podemos leer todavía acusaciones increíbles contra el director de la protectora, Luis Navarro. Por ejemplo, que en el interior del recinto funcionaba un horno crematorio y una cámara de gas, para matar a las mascotas. Que los funcionarios dejaban que los perros sanos se alimentaran de los cuerpos de los perros muertos o que, incluso, en el canil los perros hambrientos se comían unos a otros. Se dijo también en algún momento que la clínica de la protectora cobraba dinero por concepto de tratamiento de mascotas llevadas al lugar por sus dueños, pero que en realidad estas mascotas eran sacrificadas casi de inmediato.1

Luis Navarro, el director de la protectora desde 1990, no ha logrado entregar su versión con el mismo alcance o cobertura que la versión oficial, que ha sido adoptada por gran parte de la opinión pública. Un grupo de activistas animalistas, en una manifestación de protesta contra la protectora, atacaron el domicilio de Navarro, agredieron a una de sus hijas e intentaron incendiar la casa arrojando bombas incendiarias a su interior. Pese a la presencia policial y de la prensa, y a la gravedad de los hechos, la policía no efectuó ninguna detención en relación con ese incidente. La familia de Navarro se refugió durante unos días fuera de la capital para eludir las agresiones de esos grupos. Ciertamente, esos elementos vándalos de la causa animalista actuaron impulsados por la enorme difusión de la versión oficial en la prensa, la que condenó sin escrúpulos, y sin demasiadas pruebas, a Navarro. La prensa y ciertos grupos animalistas se adelantaron a los tribunales a la hora de juzgar al que creen que es el autor o responsable del horror que la policía y los estudiantes habrían encontrado en la protectora.

Los abogados de CEFU y otras organizaciones y personas entablaron una demanda contra la protectora por los presuntos delitos de estafa, maltrato animal, ejercicio ilegal de la profesión y propagación de enfermedades infecciosas. En la audiencia de formalización, la jueza -Valeria Vega- del 7º Juzgado de Santiago sólo admitió, el 4 de diciembre, este último delito, desechando los otros tres por carecer estos de fundamento, en una decisión que fue lamentada y rebatida en círculos animalistas -y ordenó la libertad de los inculpados que habían sido detenidos el día anterior: Luis Navarro, el director de la protectora; Iván Molina, Luis Canillán y Miguel Ángel Lincopi (cambio 21). De momento, parece improbable que el juicio contra Luis Navarro lleve a alguna parte. Ni la policía ni los estudiantes ni los activistas animalistas lograron reunir pruebas fehacientes de que en la protectora realmente se cometían los delitos que se supone.

En el curso de las últimas semanas han aparecido nuevos testimonios y declaraciones que ponen al menos en entredicho algunas de las afirmaciones más escandalosas contra Luis Navarro y su protectora. ¿Qué fue lo que realmente se encontró en sus locales? ¿Es verdad todo lo que se dice sobre su director y el recinto? ¿Es verdad que los cadáveres mostrados en las imágenes de televisión fueron dejados ahí por Luis Navarro y sus funcionarios y que fueron meramente encontrados ahí por los detectives, que se limitaron a permitir que esas terribles imágenes llegaran a la opinión pública?

Como digo, algunos nuevos testimonios arrojan dudas sobre la versión oficial. Empecemos por el principio. Según las informaciones aparecidas en la prensa, la Brigada Investigadora de Delitos del Medio Ambiente y Patrimonio Cultural venían investigando las actividades en la protectora desde julio de 2008 -cinco meses. Habían seguido a los camiones recolectores, recogido bolsas con cadáveres de perros y gatos2 y filmado las instalaciones desde el edificio frente a la protectora. La fiscalía Occidente y la policía coordinaron el allanamiento con el programa de televisión ‘La ley de la selva’ -periodistas, de cierto modo-, profesores -al menos una, la señora Macarena Vidal, de una universidad privada (Universidad Mayor, de Santiago), y entre veinte y cuarenta de estudiantes de la carrera de Medicina Veterinaria de la misma universidad, y al menos dos miembros de la coalición animalista CEFU.

La presencia de los estudiantes no parece haber sido producto del azar. Sin embargo, la señora Vidal afirma en una declaración publicada en la edición del 4 de diciembre en El Mercurio, que ella “venía a un operativo por distémper, pero nos encontramos con la sociedad protectora de animales y estamos consternados”. Esta versión -de que la participación de ella y sus estudiantes fue prácticamente espontánea- no coincide con otras versiones de los hechos. El allanamiento de la protectora fue coordinado con la fiscalía y los detectives de la brigada de medioambiente de la PDI, y no parece verosímil que los estudiantes de veterinaria y su profesora no estuviesen al tanto de que en realidad se trataba de un allanamiento.3 Si no, no se entiende cómo pudieron creer que podrían entrar a un recinto privado, contra la voluntad de su dueño, para realizar un operativo cuyo propósito, desde el punto de vista de la Universidad Mayor, puede haber sido otro que el de la policía. Lo que sí se puede suponer verosímilmente es que la policía, lo mismo que hizo con los periodistas, informó a los participantes con antelación sobre la acción. La llegada de Vidal y sus estudiantes -en un microbús- al recinto no fue casual.

Pero lo que más extrañeza causa del allanamiento de la protectora es precisamente el hecho de que participaran en él estudiantes, periodistas y activistas, es decir, civiles, que razonablemente no podrían haber accedido de ninguna manera al lugar de los hechos investigados. El recinto debió haber sido precintado inmediatamente tras el ingreso de la policía. Pero no lo fue, al menos no completamente. Al contrario, el fiscal Emiliano Arias permitió el ingreso de estudiantes y periodistas, y prohibió el del enviado de CEFU, el doctor Fabián Espínola, que se había acercado al lugar con la intención de supervisar, si cabía, la aplicación de la eutanasia a los perros enfermos.4 El allanamiento empezó a eso de las ocho, y la policía sólo permitió la entrada de periodistas -al menos de un camarógrafo. Tras asegurar policialmente el recinto -como se expresan los detectives- abrieron la puerta de la protectora y permitieron el ingreso de los estudiantes.

¿Qué hicieron los estudiantes durante el tiempo que permanecieron en la protectora? Según la señora Vidal, en esas declaraciones a El Mercurio ya citadas, encontraron al entrar “[…] cachorros que están muertos y los que no, en una enfermería. No les han limpiado las fecas por meses y esperan a que se mueran sin agua ni comida. El maltrato es de proporciones”. En El Mercurio de ese día leemos que “[…] en la sede ubicada en la calle Libertad, en Santiago, los efectivos hallaron más de 20 perros y gatos muertos, decenas de animales enfermos y, además, detectaron un foco de distémper, que abarcaría 3 kilómetros”. Informa además que la pesquisa había comenzado en julio, tras una denuncia del programa de televisión ‘La ley de la selva’, y que “[…] se constató que en el lugar se deshacían semanalmente de medio centenar de animales, echándolos al camión recolector de basura, que los llevaba hasta una planta de transferencia de residuos en Quilicura”. Estas cifras son rebatidas por el Dr. Iván Molina, de la protectora, que niega igualmente que se practicara la eutanasia en el lugar y dice que morían de muerte natural un promedio de dos a tres mascotas por día.

Esta es en realidad la versión oficial, que se repite en prácticamente todos los diarios metropolitanos de esos días: que, como dice El Mercurio, los detectives “hallaron más de 20 perros y gatos muertos” (aunque otras fuentes llegan incluso a informar sobre el hallazgo de cuarenta perros muertos). Otros diarios fueron más tenebrosos todavía. La Segunda del 3 de diciembre informó que “cuando las autoridades ingresaron a las dependencias encontraron varios animales muertos y a otros tantos moribundos. Sus desechos no habían sido limpiados por meses, y los animales enfermos convivían con los sanos. Además, vivían en medio de cadáveres, y al parecer tampoco les daban comida”.

La Cuarta del 4 de diciembre escribe que en la protectora la policía encontró que “en caniles repletos de mierda y carentes de comida esperaban la muerte por inanición perros de todos los tamaños y razas, que personas de buena fe entregaron al cuidado de inescrupulosos que aparentemente lucraban sin asco”. Los detectives también comprobaron, dice el diario, “[…] que los ‘prisioneros’ [las mascotas] terminaron [terminaban] devorándose entre ellos” y que algunos animales eran arrojados vivos al camión recolector de basura, donde eran triturados. Terra informó, el 4 de diciembre, que “[…] en un operativo detectives de la PDI, se detectaron alrededor de 20 cadáveres de gatos y perros muertos y otro número en lamentables condiciones de salud o agonizando”. Radio ADN informó igualmente sobre la detención de Luis Navarro y sus empleados “[…] por la muerte de decenas de perros y gatos al interior del organismo”. Igualmente, La Tercera del 4 de diciembre informó que los policías “[…] encontraron adentro decenas de perros muertos y cientos de animales hambrientos hacinados con otros enfermos […]. En la sede los policías hallaron 20 perros muertos […]”. Según este diario, la fiscalía afirmó que en el lugar se dejaba morir a los animales “[…] o simplemente se los mataba y luego eran llevados a un vertedero a Quilicura”. La Nación del 4 de diciembre informaba a su vez que “apoyados [el fiscal Arias y los detectives] por estudiantes de la carrera de veterinaria de la Universidad Santo Tomás (UST) [sic] comandaron la inspección en la cual se descubrieron 20 cadáveres de animales, entre gatos y perros, que yacían en el patio del recinto”. El diario agregaba que en la protectora “[…] se maltrataba brutalmente a perros y gatos”. También La Segunda (edición del 4 de diciembre) mencionó el hallazgo de veinte perros muertos. En La Tercera del 6 de diciembre se vuelve a insistir en que la policía encontró “[…] decenas de perros muertos y cientos de animales desnutridos y enfermos”.

La Cuarta del 4 de diciembre informó también que la condición de los perros que encontraron los estudiantes en el interior era “tan patética […] que los especialistas de la Universidad Mayor que ingresaron en su auxilio sacrificaron de inmediato a varios”. Esta es ciertamente la primera vez en que un órgano de la prensa escrita atribuye la muerte de las mascotas exhibidas en los telediarios a la acción de los estudiantes. El autor de la nota habla de “varios” perros que fueron eutanasiados. En la tarde de ese mismo día, sacrificaron a varios perros más. En la prensa este último episodio -el operativo de eutanasia de la tarde- sólo fue mencionado por La Segunda, citando una fuente que dice “[…] sacamos cadáveres [el 3] y hoy aparecieron otros perros muertos que ya estaban muy enfermos”.

Radio ADN, en la edición ya citada, informa que en la audiencia de formalización, Navarro rechazó las acusaciones asegurando -como lo hizo en la posterior entrevista para el telediario de Chilevisión– que en la protectora no se practicaba la eutanasia. “Incluso”, escriben los periodistas, “llegó a plantear que fueron los alumnos de la Universidad Mayor los que mataron a unos 19 perros, ya que en el lugar sólo había tres cachorros muertos”. Según esta fuente, el fiscal Arias rechazó la versión de Navarro, diciendo que “[…] los animales se encontraban en bolsas de basura cuando llegó la PDI3 y […] los alumnos de la Universidad Mayor entraron más de dos horas después que los efectivos policiales”. La Tercera del 4 de diciembre informó que “ayer, una decena de perros debieron ser sacrificados por estar enfermos”.

La Cuarta del 6 de diciembre vuelve a tocar el tema. “Las decenas de cadáveres de animales desperdigados al interior de la Sociedad Protectora de Animales”, escribe, “provocaron airadas reacciones en la comunidad cibernética”. Ahora los animales no estaban pues ordenados en hileras, como vimos en los videos mostrados por televisión, sino que desperdigados por todo el recinto. ¿Cómo, pues, llegaron al estacionamiento? ¿Los encontraron los estudiantes muertos en los varios caniles de la protectora, rescatándolos de entre los perros vivos que ya empezaban a devorar, y los trasladaron al estacionamiento, colocándolos en las hileras que vimos en la televisión?

La Universidad Mayor, siguiendo al fiscal, negó que los estudiantes bajo la dirección de Vidal hubiesen sacrificado a alguno de los perros y gatos, lo que es francamente inverosímil. La casa de estudios, escribió El Mercurio del 4 de diciembre, “[…] rechazó la acusación y afirmó que sólo se abocaron al rescate de las mascotas”. Sin embargo, uno de los estudiantes -Diego José Varela Maino- que dice que participó en el allanamiento y posterior operativo sanitario, confesó que “[…] el sacrificio se realizó bajo la supervisión de profesores de la Universidad Mayor, profesionales con basta [sic] experiencia y gran profesionalismo cuidando en todo momento que el perro no tuviera una experiencia dolorosa” y que “el sacrificio se realizó como medida de emergencia para controlar la epidemia de distémper” (en uno de los comentarios publicados por El Mercurio del 6 de diciembre). En la serie de videos de Megavisión se puede ver a los estudiantes preparando las mesas donde aplicarán eutanasia a algunos perros. Dice el locutor del programa ‘La ley de la selva’: “[…] “estamos preparando aquí todas las soluciones anestésicas, que es tiopeantal, para poder eutanasiar a los cachorros que están más deprimidos y que están más agonizando [sic]” (Megavisión).

Algunas fuentes mencionan que los estudiantes y sus profesores decidieron sacrificar a esos perros y gatos porque sufrían enfermedades terminales o se encontraban en muy malas condiciones, lo que debido a la ausencia de un profesional independiente es imposible verificar. La Tercera del 6 de diciembre dijo que según Navarro “[…] había sólo tres cachorros fallecidos y no la cantidad que se mostró”. En el video de Megavisión, en un momento, poco después de ingresar al recinto, el fiscal Arias decide que “[…] la única posibilidad era intervenir veterinariamente este lugar”. No queda en claro si se refiere a la aplicación de eutanasia. De ser así, fueron aparentemente los veterinarios de la policía de medioambiente los que aplicaron la eutanasia a algunos animales antes incluso del ingreso de los estudiantes.

Sobre las causas de la muerte de esas mascotas, o de otras en la protectora en los meses que duró la investigación, La Cuarta asegura que morían de hambre. Pero en la edición del 7 de diciembre, agrega un dato interesante. Según el señor César Pérez, de ‘La ley de la selva’, tres semanas antes del allanamiento Luis Navarro, el director, habría ordenado detener los programas de eutanasia para dejar que las mascotas se murieran solas (se implica que por hambre o falta de cuidados), insinuando aparentemente que el director se había enterado de la operación policial. Esta acusación se volvería más macabra con el tiempo.

En las escenas pertinentes del video de Megavisión se ve a los detectives, recién ingresados al recinto, vaciando efectivamente el contenedor de la basura en el estacionamiento de la protectora, cerca de la puerta. Se pueden contar luego cuatro perros y un gato, que aparentemente los detectives colocaron en hileras para su exhibición. Pero la toma siguiente ha sido evidentemente editada y manipulada: ya no se ve a los detectives ni estudiantes vaciando bolsas, sino derechamente las espeluznantes dos hileras de cadáveres. Dicho sea de paso, las imágenes muestran a detectives vaciando las bolsas de basura en el patio del recinto -las mismas imágenes que serían después utilizadas en los telediarios para mostrar las condiciones de extrema suciedad en que habrían vivido los animales.5 Pero al ingresar al recinto en la mañana, no se ve ningún animal muerto y el patio donde se estacionarán luego las patrulleras de la policía está relativamente limpio.

La Tercera del 4 de diciembre informó que en el lugar los universitarios “[…] constataron que el 80% de los perros vivos estaban infectados con alguna enfermedad parasitaria y que, además, estaban desnutridos. En los caniles y la enfermería, donde se encontraban animales sanos junto a aquellos infectados -la mayoría con distémper- se detectó abundante presencia de fecas y orinas”. La Cuarta del 4 de diciembre afirmaba a su vez que en los caniles “[…] repletos de mierda y carentes de comida esperaban la muerte por inanición perros de todos los tamaños y razas”. La Cuarta del 7 de diciembre aseguraba que los perros de cada canil, con seis perros cada uno, sólo recibían “[…] un puñado de comida”, sin especificar cómo se enteraron de ese hecho. Pese a ello, la acusación de que se trataba de animales mal alimentados no es completamente infundada. Según se desprende de declaraciones del director (La Tercera del 6 de diciembre), los animales no recibían la mejor comida disponible en el mercado, evidentemente por falta de recursos económicos -pero niega que estuviesen desnutridos (en las imágenes de televisión tampoco se ve que lo estén). Los perros desnutridos y de pavoroso aspecto que se encontraron en la protectora eran aparentemente perros enfermos que se encontraban aislados en caniles de enfermería. En una entrevista publicada por El Mercurio del 6 de diciembre, Luis Navarro, el director, rechazó la imputación de que los animales se murieran de hambre. Los perros enfermos, ha insistido Navarro, no comen.5

Otras acusaciones relacionadas, y difundidas con evidente mala fe por varios medios de prensa, dicen que en la protectora los perros se comían unos a otros por el hambre a que eran sometidos, o que, todavía peor, los funcionarios alimentaban a los perros grandes arrojándoles perros chicos. Una vecina entrevistada declaró que arrojaban, los empleados, “[…] perros chicos, las guagüitas, se los tiraban para que los perros grandes se los comieran” (en el telediario de Chilevisión del 3 de diciembre). Esta acusación es derechamente inverosímil. En una de sus primeras entrevistas, la profesora Vidal dijo que “[…] no les han limpiado las fecas por meses y esperan a que se mueran sin agua ni comida” (en El Mercurio del 4 de diciembre). El fiscal Arias agregaba, en La Nación del 4 de diciembre, que en el recinto de la protectora “[…] se privó de agua, medicamentos y comida a los animales con el único fin de que murieran por falta de esos cuidados vitales”. Esta serie de acusaciones fue iniciada igualmente por la profesora Vidal, que llegó a decir, el 4 de diciembre, que en “[…] la bodega de alimentos es una bodega abierta con animales muertos adentro, con cachorros muertos adentro de la comida, esto es como si hubieran hecho una película de terror” (en el video de Las Últimas Noticias del 4 de diciembre). La acusación obviamente contradice la afirmación de que se dejaba morir a los animales de hambre. En un telediario de RedTv, la profesora Vidal dice que la comida se la dejaban, a los animales, en el suelo [lo que también harán luego sus estudiantes] -lo que igualmente contradice que se los haya dejado morir de hambre.

Pero la acusación más sorprendente -de que los animales muertos y enfermos se encontraban dispersos por todos los caniles- tampoco parece ajustarse a la verdad. Según algunas versiones, los caniles eran ocupados alternativamente por perros enfermos y sanos. Según el fiscal Arias en La Segunda del 3 de diciembre, “[…] cuando las autoridades ingresaron a las dependencias encontraron varios animales muertos y a otros tantos moribundos. Sus desechos no habían sido limpiados por meses, y los animales enfermos convivían con los sanos. Además, vivían en medio de cadáveres, y al parecer tampoco les daban comida”. Más tarde, el fiscal, en La Tercera del 6 de diciembre, dijo que encontró durante el allanamiento, perros enfermos -con distémper- “[…] canil por medio”, lo que está bastante lejos de la maliciosa información de que los perros muertos y enfermos se encontraban dispersos por toda la protectora al buen tuntún. El fiscal Arias ofreció en esa entrevista incluso una hipótesis. Según él, en la protectora los perros sanos “[…] eran mezclados con los enfermos para reducir la población canina, ya que era más rápido y menos costoso que aplicar eutanasia”. Es evidente, según me parece, que el peligro de contagio existía, pero que tuviese las dimensiones que se le atribuyó -tres kilómetros a la redonda, dijeron algunos medios- parece ser exagerado. De hecho, no se conoce a ninguna mascota en ese radio que haya enfermado por causa del foco infeccioso, lo que realmente es difícil interpretar. Si este foco infeccioso se venía prolongando por varios meses, ¿por qué no se expandió la infección fuera de los caniles? La inmensa mayoría de las mascotas de la protectora se recuperaron después de ser tratadas por los estudiantes de la Universidad Mayor. Pero que el director Navarro tuviese la intención de reducir la población canina no ha sido demostrado.

Otra cosa en la que se insistió mucho fue en el estado de los caniles y demás instalaciones. Según la profesora Vidal El Mercurio del 4 de diciembre, y otros diarios, el lugar se encontraba lleno de fecas de varios meses. Pero el Dr. Fernando Fuenzalida, del departamento de Zoonosis del seremi metropolitano de Salud, inspeccionó el lugar, según La Tercera del 4 de diciembre, constató que existe “deterioro en el aseo. Lo que yo vi fue mucha feca fresca, orina, unos perros embolsados, animales confinados en jaulas”. Por esas razones Fuenzalida inició un sumario administrativo. Hay que decir que el seremi de Salud había realizado inspecciones regulares cada semestre de las instalaciones de la protectora, sin haber constatado nunca ni maltrato animal y condiciones poco higiénicas. Su observación sobre la “feca fresca” refuta derechamente las fecas de “tres meses” mencionadas por la profesora Vidal. Los sumarios administrativos anteriores a que fue sometida la protectora “fueron por ruidos molestos y malos olores”. En el video de Megavisión no se advierten fecas, ni secas ni frescas, en el estacionamiento, sino hasta después de que detectives y estudiantes vacían las bolsas de basura, sin volver a recoger su contenido. En algunas tomas de los caniles, se ven fecas en el suelo; según puedo calcular, no son demasiadas y deben corresponder con las deposiciones nocturnas de cinco a ocho animales. La explicación -muy convincente- que entregó Navarro fue que el allanamiento se efectuó a las ocho de la mañana, media hora antes de que llegasen los encargados del aseo (en La Tercera del 6 de diciembre).

Otras acusaciones, como que Navarro y sus empleados arrojaban perros “[…] muertos (o medio muertos) directamente a la basura” (Andrea R. en su blog), o que arrojaban perros vivos al camión recolector de la basura (“[…] inclusive he visto una vez cómo tiraron a un animal herido dentro de un camión y el perro gritaba de una manera increíble”; una vecina entrevistada en el noticiario de TVN del 3 o 4 de diciembre), o que arrojaban a los animales “vivo [sic] adentro de hornos crematorios o llenos de gas venenoso en donde mueren lentamente y llenos de sufrimientos indescriptibles” (Marcela Ivonne en su blog), deben desterrarse al reino de la fabulación maliciosa. Dicho sea de paso, esta última bloguera llegó a afirmar que ella ha sido testigo ocular (“lo he visto con mis propios ojos”) de que los animales en la protectora de calle Libertad “[…] son víctimas de mal trato permanente, vejámenes (latigazos, fierrazos), hambre (no comen durante días y luego se comen unos a otros por desesperación), desidia, abandono, angustia por la muerte y sufrimientos horrorosos sin que nadie pague por esto”. Son sin duda acusaciones que rayan en la demencia.

¿Qué queda pues de las acusaciones contra Luis Navarro y sus empleados? No mucho. La jueza del Séptimo Juzgado desestimó los cargos por maltrato animal, estafa y ejercicio ilegal de la profesión, aceptando solamente los de propagación de enfermedades infecciosas, cuya intención dolosa será muy difícil de demostrar. Pero esta decisión ciertamente no demuestra que la protectora no se haya hecho culpable de la comisión del delito de maltrato en algún momento, en algún grado. Es posible que los empleados de Navarro hayan alguna vez cometido algún acto ilícito, pero eso habría que probarlo fehacientemente. Es probable que Navarro no contara con todos los recursos necesarios para brindar a los animales ni la mejor alimentación ni los mejores cuidados,6 pero eso ciertamente no es un delito.

Navarro ha declarado en varias ocasiones que la protectora carecía de recursos suficientes y que las autoridades se han mostrado indiferentes ante su situación. La protectora es considerada por los habitantes de Santiago como un botadero de perros y otras mascotas, a menudo se negaban a pagar las tarifas estipuladas por tratamientos y hospedaje y en muchas ocasiones abandonaban a los animales a las puertas del local o los arrojaban por las murallas (Navarro en la entrevista con The Clinic). Carolina, en el foro de cooperativa.cl del 3 de diciembre, escribe: “Atendí a mis perros en la protectora por años, y muchísimas veces vi gente que se negaba a pagar la plata para dejar ahí a sus mascotas, y que las dejaba botadas en la calle y se iban igual. ¿Esa era la opción?”

Navarro es enemigo de la eutanasia. En la entrevista con el periodista Matías del Río, de Chilevisión, dijo que en la protectora se limitaban a aliviar el dolor de las mascotas con enfermedades terminales suministrándoles sedantes. De ser así, en el inventario o en las despensas de la enfermería deberían haberse encontrado suficientes dosis para los tratamientos paliativos. Esta opción paliativa no es un delito y es un tratamiento que se administra a menudo a pacientes humanos. Si distribuir a animales enfermos y sanos canil por medio7 es una opción igualmente razonable, es una política que se puede discutir, pero no indica una intención dolosa. Sabemos que la policía encontró en las despensas de la enfermería medicinas caducadas. El subcomisario José Palominos dijo: “Hay medicamentos que si bien es cierto se usan, como anestésicos o preanestésicos… va a quedar un cierto grado de incertidumbre de cuál es el uso que se le están dando en definitiva a estos medicamentos”. Aparentemente, quiere insinuar que se utilizan estos anestésicos para matar a las mascotas -que es lo que hacen luego los estudiantes y el propio presentador de ‘La ley de la selva’, aplicando tiopental a las mascotas irrecuperables.

En el curso de la investigación y/o allanamiento de la protectora, el propio fiscal se hizo culpable de al menos dos delitos: amenazas contra los empleados de la institución y lo que yo creo que es usurpación de atribuciones, que comete cuando los amenaza con que “[…] si ustedes me dicen la verdad, van a quedar en libertad”, es decir, si no le dicen la verdad no permitirá que salgan de la cárcel, que es ciertamente una atribución que no posee legalmente (en uno de los videos de Megavisión). (Es un delito sancionado por el artículo 222 del Código Penal).

La única parte feliz de esta historia es que las mascotas de la protectora fueron todas adoptadas y viven ahora con sus nuevas familias adoptivas. La parte menos auspiciosa es que ahora Navarro tiene sobrados motivos para llevar a tribunales a sus perseguidores, lo que no conviene para nada al movimiento animalista, cuya credibilidad puede sufrir un duro revés8 tras aliarse con un fiscal inepto, una profesora ambiciosa y unos periodistas más inclinados a lograr la lágrima fácil que a descubrir la verdad.

Notas
1 El abogado de CEFU, Pablo Peñaloza, dijo “[…] que la entidad cobraba hasta 40 mil pesos por cada animal entregado, los que eran exterminados cada semana, engañando a las personas que confiaban el cuidado de las mascotas que no podían mantener, por lo que llamó a estos afectados a acercarse a CEFU para que sean en la querella por estafa” (en cooperativa). La acusación no se pudo sustentar y el delito de estafa fue desestimado por el tribunal. Al llamado del abogado respondió en esos días sólo una persona. Esta es una acusación antigua. En los años noventa hubo al menos dos acusaciones por maltrato animal y estafa. Se acusó a la protectora de aplicar eutanasia a perros sanos. En el primer video de la serie de tres de Megavisión sobre el caso de la protectora, el ex médico de la institución, Enzo Bosco, declara que las eutanasias las aplicaban los auxiliares y otros subalternos, en desconocimiento de la dirección -pero aparentemente piensa que Luis Navarro estaba al tanto. Es posible que los auxiliares hayan aplicado la eutanasia a perros sanos sin que Navarro lo supiera. El director no se dejaba ver demasiado a menudo en el recinto de su protectora y también es posible que mienta, cuando afirma que él nunca ordenó una eutanasia. Sin embargo, en cualquier caso, las acusaciones deben ser probadas.

2 Que los animales muertos fueran metidos en bolsas de basura y arrojados al camión recolector para ser trasladados a vertederos es una práctica usual en Chile, pese a los evidentes riesgos de salud pública. En los vertederos suelen vivir otros perros, que podrían alimentarse de animales enfermos o envenenados. A fines de noviembre de 2008, un grupo de activistas descubrieron en el contenedor del canil clínico de Viña del Mar los cadáveres de diez perros, algunos de ellos aparentemente, y según denuncias de empleados municipales del sector, sanos (véanse los enlaces de la nota 8).

3 En el noticiario del canal RedTv de esas fechas, la profesora Vidal admite que “[…] yo venía a un operativo que me solicitaron por Investigaciones”, para corregirse enseguida, al temer que se fue de lengua, diciendo que en realidad fue invitada por otros veterinarios -probablemente se refiere al personal del programa de televisión ‘La ley de la selva’.

4 En opinión de Espínola “[…] fue un error no permitir el ingreso de un médico veterinario especialista en la materia; es más, una de las tareas principales que se me encomendó y que era evitar la eliminación de perros que tenían cura no pudo ser desarrollada por ser retirado del lugar”. Léase bien: con anterioridad al allanamiento, la policía o la fiscalía ya había decidido la eventual aplicación de la eutanasia a mascotas que padecieran de males irreversibles, incurables. “Espero”, escribe Espínola, dando libre curso a sus aprehensiones, “que el criterio de los colegas participantes haya sido sea riguroso y no se permitiera la eliminación de animales sólo para reducir la proporción del problema que a futuro se viene”.
Se ha tejido tal maraña de falsedades y verdades a medias en torno a la situación en la protectora, que es difícil convencerse de algo. Pero no me cabe ninguna duda de que aquí la protectora fue víctima de lo que parece derechamente una conspiración o de un cúmulo de torpezas. En uno de los videos de Megavisión se muestra al presentador del programa ‘La ley de la selva’ diciendo, mientras señala con la mano, que ahí se dejaba a los animales muertos, cuando la cámara enfoca nuevamente los contenedores de basura en el patio. La toma que sigue muestra sin embargo más de una veintena de perros muertos…, pero no en la protectora, sino en el vertedero, en una filmación de varias semanas antes del allanamiento. La impresión que queda en la retina del lector es pues la de una enorme mortandad en medio de una montaña de excrementos y desechos, que la filmación deja que el lector crea que se trata del patio de la protectora.

3 En el relato del Dr. Espínola leemos: “[…] Es poco decir que habían heces –caca, mierda- repartida por todos lados, que el olor reinante a muchos periodistas les impidió ingresar, que habían cachorros moribundos, que la comida se encontraba en una habitación abierta donde las moscas se reunían y hasta perros muertos se encontraban sobre los cúmulos de alimento… todo eso es poco decir como les menciono cuando llega la hora de ver los animales vivos, conviviendo con otros muertos y con caca de muchos días sin limpiar, en una condición física y sanitaria intolerable, con enfermedades que les tenían sus ojos y fosas nasales repletas de secreciones”.

4 Lo contradice La Cuarta del 7 de diciembre, que informó que “funcionarios de la PDI decomisaron las bolsas, que estaban llenas de excremento y cal”. En las bolsas encontradas en el contenedor de la basura en el estacionamiento de la protectora, según muestran las imágenes de ‘La ley de la selva’, no había más de cuatro o cinco mascotas -según veo, cuatro perros y un gato. Abrir y vaciar las bolsas fue lo primero que hicieron policías y quizás pensando en que encontrarían ahí cadáveres de perros, como aparentemente habían hecho cuando siguieron al camión recolector semanas antes. Pero una vez vaciadas, el contenido de las bolsas -excrementos y cal-, nadie volvió a recoger sus contenidos. Más tarde llamaron a bomberos para limpiar el lugar.

5 Las declaraciones de la profesora Vidal son poco convincentes. ¿No debería saber ella mejor que nadie, en razón de su profesión, que los animales enfermos suelen enflaquecer precisamente porque no comen? Esto arroja dudas tanto sobre sus declaraciones y como sobre su formación académica.

6 En la entrevista con Chilevisión -en la que el periodista Matías del Río hace gala de su increíble ineptitud-, Navarro cuenta que pidió ayuda a todos los últimos presidentes y alcaldes, sin recibir nunca nada.

7 Pese a que la mayoría de la prensa dice que en la protectora los perros enfermos y sanos compartían al buen tuntún los mismos caniles, una versión -la del fiscal- tiene que se repartían -los enfermos- canil por medio. O sea, un canil de enfermos, y otro de sanos. Pero también es posible que el fiscal use una figura de lenguaje, una metáfora. No lo sé. En el caso de que no sea una metáfora, tampoco sé si es verdad. No sé si es un régimen razonable desde un punto de vista médico. No sé cuál es la práctica de otros caniles. No sé cómo hacen frente otras protectoras a focos de infección. No sé por qué los directivos del canil, o los médicos, optaron por este régimen. El fiscal dice que era para contaminar a los perros sanos, de modo que se murieran todos “de causa natural”. Con “todos” el fiscal parece haber querido incluir a todos los animales en un radio de tres kilómetros. Pero es llamativo que pese a lo que se afirma, los estudiantes lograran recuperar al ochenta por ciento de los animales.
En una entrevista Navarro dice que no tenían recursos para construir o instalar una zona de cuarentena. Quizás tomó Navarro decisiones equivocadas en este aspecto. Quizá debió destinar fondos para construir esa zona. No sé. También sabemos que sucesivos gobiernos y alcaldías negaron ayuda a la protectora.
También está el asunto de la fiscalización. Según la oficina del seremi de Salud, se hacían inspecciones sanitarias de la protectora cada seis meses. Algunas inspecciones se hicieron por reclamos de ruidos y malos olores, creo. El seremi de Salud no constató ninguna irregularidad en esos aspectos. Según mis cálculos, la última inspección debe haber ocurrido en junio. Tampoco se constataron irregularidades.

8 En Viña del Mar, a fines de noviembre, un grupo de activistas descubrió también una decena de perros muertos en el contenedor del canil clínico municipal. El hallazgo provocó una inmediata manifestación de protesta y las sospechas de que en el canil se sacrificaba a perros sanos, si eran callejeros. Pero nadie efectuó una autopsia de los cadáveres y eso hace imposible que la acusación de maltrato animal se pueda sustentar. Sin embargo, existen numerosos testimonios y declaraciones de vecinos concernidos que han denunciado la desaparición de sus perros o su eliminación a manos de la veterinaria de la clínica -la señora Claudia Bilbao-. La acción de las activistas fue pedida, además, por empleados municipales que ya no soportaban la visión de tantas mascotas sanas exterminadas sin motivos justificados. Hoy el reclamo de organizaciones animalistas está siendo tramitado por la contraloría regional (véase Algo huele mal en el canil; Sobre el maltrato y muerte de mascotas; Qué hacen los gatos en la pescadería).

[cc mérici]

[Las fotos son todas capturas de los videos de los telediarios de Megavisión, Chilevisión y otros, de diferentes momentos durante el allanamiento].

1 Detectives de la PDI entrando al recinto de la protectora. Ya había periodistas en el lugar.
2 Las macabras hileras de cadáveres de perros. Estos perros no estaban en ese lugar al comenzar el allanamiento. Fueron colocados ahí por los detectives.
3 Al entrar al patio o estacionamiento de la protectora, los detectives encontraron un contenedor con bolsas de basura. En su interior, tres o cuatro perros y un gato.
4 Así se veía el lugar al entrar la policía. No había ni cadáveres ni basura.
5 Policías y estudiantes (de gorra amarilla).
6 Policía vaciando las bolsas de basura encontradas en dos o tres contenedores. Estaban llenas de excrementos. Una vez vaciadas, no volvieron a recoger el contenido. Pero antes de eso, el patio estaba limpio. Luego se verá a los bomberos limpiando el lugar.
7 Una calle con caniles. Había perros enfermos canil por medio, dicen algunos.

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7 comentarios

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  1. Mario Lopez Vieyra / Dic 31 2008 7:03

    Que pena Sr. Merici..hace unos días alabe su pluma y su inteligencia en el articulo sobre las llamadas “viejas locas”…lamento ver que esta vez se equivoca de manera garrafal y que se niega a ver algo que practicamente todo Chile vio y ud, teje una maraña de desinformación y distorsión de los hechos con una muy buena pluma pero con una manipulación de los HECHOS GROTESCA Y MALSANA para todo el movimiento animalista y para el bienestar mismo de los animales… le recomiendo ver de nuevo los dos reportajes de la la Ley de la Selva (programa del que no soy precisamente amigo). Pero vealo con ojo y oídos atentos porque al parecer no entendió algunas cosas…no entendió que por ejemplo nunca se dijo que los animales muertos encontrados en los vertederos fueran los encontrados en la protectora, tampoco al parecer “entendió” o quizás no vio las imagenes con perros muertos “conviviendo” con perros vivos en el momento del allanamiento, tampoco vio al parecer a la Dra Vidal preparando a sus alumnos antes de entrar que lo que encontrarían dentro era el horror…escucho sus palabras con atención?…veamos si ahora es capaz de deducir algo menos escabroso y mal intencionado.

    Y por favor de que conspiración habla, al decir eso ud. se pone al mismo nivel de Navarro cuando habla de que fue un “montaje”. Con que propósito se haría algo así?…a quien beneficiaria?…tal tesis si que no resiste el mas mínimo análisis…es francamente delirante.

    Ya era un secreto a voces que en la mal llamada protectora hace muchos años ya no se protegía a ningún animal y que ahí mataban animales al poco tiempo de que entraban. Algunos pocos se salvaban por ser de raza y no estar enfermos. Ese no era un lugar de protección..era un lugar de exterminio. Eso se sabia, lo que no se sabia era el nivel de horror al que se había llegado.

    También se pone al mismo nivel de Navarro cuando acepta esa siniestra y estúpida frase “los animales morían de muerte natural, aquí no se eutanasiaba”…claro morían de muerte natural, en otras palabras los dejaban morir en agonía y en dolor. Si sr. Merici los estudiantes y los veterinarios de la U. Mayor tuvieron que eutanasiar animales porque era la ÚNICA SOLUCIÓN HUMANITARIA Y PIADOSA CON ANIMALES QUE SUFRÍAN Y NO TENÍAN REMEDIO. Eso es lo que tendrían que haber hecho Navarro y sus secuaces. Porque a veces evitar el dolor y una muerte horrible es mas piadoso que dejar “morir por causas naturales”…eso además de estúpido revela una profunda ignorancia en temas de bienestar animal básico.

    Le tengo que agregar que solo soy un animalista que colabora con muchas organizaciones que se preocupan del tema, aporto con mi trabajo fotográfico y de diseño a CEFU, a la UAA y a otras organizaciones y que no me une ningún vinculo a la gente de la Ley de la Selva ni con la U. Mayor.

  2. Amado de Mérici / Dic 31 2008 13:34

    Hola Mario,

    Me gustaría que me dijera en qué me equivoco y qué acontecimientos he tergiversado -dice usted que a sabiendas. Recuerde la pregunta con la que inicio mi indagación: ¿Quién mató a los perros de la protectora? La reconstrucción de los hechos me llevó a concluir que: al entrar la policía y periodistas al lugar, el patio o estacionamiento estaba limpio y no había perros ni gatos muertos. En las imágenes de Megavisión (que produjo tres videos de algo más de media hora cada uno) se ve luego a un detective vaciando los contenedores chicos (dos o tres), de los que extrae unas bolsas. Abre éstas y empieza a sacar cadáveres de perros y los coloca en el suelo. Se trata de cuatro perros y un gato. Pero las tomas siguientes del lugar muestran las infames tres o cuatro hileras de cadáveres. ¿Cómo llegaron ahí? Esta es la pregunta principal. Las respuestas posibles son que esos otros perros fueron encontrados muertos por los detectives y trasladados al patio, o que fueron eutanasiados por los veterinarios de la policía (no los universitarios) y trasladados al patio. O que hubo otro montaje: que se manipuló el video. Esta última posibilidad es la que creo menos probable, aunque en otros episodios Megavisión evidentemente manipuló las imágenes -como señalo en la nota 2. Así que no sé qué pasó exactamente en ese momento. Pero lógicamente esos perros tampoco podrían haber estado en esos contenedores en el patio: no habrían cabido.

    Luego las imágenes muestran cuando aparentemente llega la señora Vidal y los presentadores del programa de Megavisión. Bien: lo primero que ven son las hileras de cadáveres y una enorme cantidad de excrementos desparramados por el patio. Como ya sabemos, esos excrementos provenían de las bolsas abiertas por la policía. (He trabajado durante muchos años productor de televisión y sé que cuando un periodista entra a un lugar y dice: “Estoy entrando recién”, lo que quiere decir es que entró antes, examinó el lugar, determinó dónde debe estar el o los camarógrafos y qué tomas debían hacerse. Luego de esto, el locutor vuelve a salir y vuelve a entrar para ser filmado. La diferencia en tiempo entre una cosa y otra puede ser considerable).

    Más tarde los estudiantes y locutores de tv montan una mesa donde van a eutanasiar a los animales que piensan que deben ser eutanasiados porque son irrecuperables. En una imagen se ve a uno de los presentadores mostrando bidones con tiopental; el mismo presentador se pasea con una jeringa en la mano. Se lo ve luego llevando a dos cachorros cogidos del lomo. Y explica por qué los van a eutanasiar.

    Esos animales eutanasiados ¿dónde están? ¿No son los que colocaron en hileras? ¿O fueron agregados después? De cualquier modo, está claro que los autores de esas muertes (la de la mesa instalada) fueron los estudiantes. Eso mismo lo cree usted. ¿Por qué le molesta que yo diga eso? Eso fue lo que pasó. Lo que a usted le molesta aparentemente es que no haya yo enfatizado, tal vez, que procedieron humanitariamente, toda vez que se trataba de animales en fase terminal. Pero yo no dudo de que hayan actuado movidos por esos sentimientos y decisiones. No digo nada sobre eso. Me limito a señalar que en el momento no había en el recinto instancias independientes -que podría haber sido el veterinario de CEFU, por ejemplo- que puedan verificar que eso ocurrió de ese modo. ¿Por qué es esto importante?

    Bueno, normalmente en países occidentales relativamente civilizados las funciones de juez, fiscal y policía se encuentran separadas. Acá el fiscal -el acusador, el prosecutor, el juez de instrucción- ordena él mismo, y dirige él mismo, allanamientos y detenciones. Qué duda cabe de que procurará obtener la mayor cantidad posible de evidencias condenatorias. Encima, al fiscal también le gustaría juzgar a los que cree culpables y usurpa funciones del juez cuando amenaza con dejar en la cárcel a los empleados. ¿Cómo vas a creer de buenas a primeras en lo que afirme una persona que tiene un interés creado en condenar a los que persigue? Pero, además, el fiscal puede realizar el allanamiento con civiles y decidir a quiénes deja entrar o no a un allanamiento. Y esto es francamente aberrante. La mera presencia de civiles en el lugar del crimen contamina e invalida irremediablemente las evidencias recabadas. Eso debería haberlo sabido el propio fiscal y los policías y abogados presentes. ¿Por qué no dejó el fiscal entrar al veterinario de CEFU? Esta decisión es muy sospechosa.

    Las imágenes con perros vivos y perros muertos… Según Navarro, los caniles estaban ocupados en régimen de exclusividad sea por animales enfermos, sea por animales sanos. No sé cómo funcionaba eso. ¿Un canil con enfermos y un canil con sanos, o dos caniles con enfermos y tres con sanos? No queda claro en ningún reportaje, ni se menciona. En los caniles con enfermos ¿se guardaba a animales de una sola condición o se los metía a todos juntos? El canil donde se aprecia un perro muerto, yaciendo de lado y rodeado de galleticas y heces, ¿era un canil de moribundos o de sanos?

    Lo que digo yo es que el carácter chapucero de la investigación estropeó para siempre la posibilidad de saber eso. Son conocidas las denuncias sobre matanza de animales en la protectora, pero también en este aspecto hay que separar la paja del trigo. ¿Es verdad que echaban a los animales moribundos a las máquinas trituradoras de los recolectores? ¿Es verdad que había hornos crematorios y cámaras de gases venenosos? ¿Es verdad que alimentaban a los perros grandes con perros pequeños… vivos? Ya ves, estas son fábulas. No ponen en duda los casos de denuncias genuinas, pero es impropio que los medios de comunicación enfaticen declaraciones de señoras desequilibradas o fantasiosas.

    En Viña del Mar hace poco -en noviembre- un grupo de activistas halló diez cadáveres de animales en el contenedor del canil clínico municipal, al que se viene acusando desde hace años de matar perros sanos. Hay muchas denuncias acumuladas, pero la municipalidad lo niega. Pero la falta de medios impidió recoger esos cadáveres para realizarles una autopsia y determinar fehacientemente que se trataba de animales sanos. En el caso de Santiago es lamentable que la BIDEMA, contando con veterinarios profesionales en su equipo, no haya realizado autopsia a los animales que encontraron en el vertedero. ¿Por qué no? ¿No podrían haber anticipado que esas autopsias serían una demostración inapelable de la veracidad de las acusaciones?

    En cuanto al montaje, no sé. Es muy surrealista que participen en un allanamiento locutores de televisión, periodistas, estudiantes, policías, bomberos y fiscales, cada uno con sus propios intereses. Determinar los motivos de cada uno obligaría a una nueva investigación. Pero me pregunto: ¿Cómo pudo pensar la señora Vidal que ella podía entrar con sus alumnos a un recinto privado, contra la voluntad del dueño? ¿Era un viaje de estudios o algo parecido? ¿Un taller para hacer experiencias? No sé. Simplemente dudo.

    Con secretos a voces no llegamos a ninguna parte. Entre las viejas del barrio era un secreto a voces que Navarro echaba a los animales a una cámara de gas, lo mismo que era un secreto a voces que los alimentaba con otros perros. ¿En qué estamos? Yo tengo una enorme desconfianza de las instituciones policiales y judiciales de este país. Pero de momento no tengo nada mejor. Si el tribunal estima que no hay comisión de delitos, porque no hay pruebas, o porque los hechos no configuran delito, pues entonces no hay delitos demostrables. Se sabía que era un lugar de exterminio, dice usted. Pero si es así, conocerá usted las pruebas, los testimonios y declaraciones genuinas. Si es así, debería usted compartir esas pruebas o entregarlas al fiscal.

    No me cabe duda de que algo olía mal en el canil. No sé si es médicamente responsable el régimen de separación de caniles a que llegaron en la protectora. Ningún órgano de prensa entrevistó a sus profesionales -sólo un medio, que entrevistó brevemente al Dr. Iván Molina, sin hacerle sin embargo ninguna pregunta realmente relevante. Molina negó que hubiese matanzas. A mí me faltan entrevistas de profundidad con Navarro y otros empleados. Hay que entrevistar a los auxiliares que se hacían pasar por veterinarios, a las señoras encargadas del aseo, etc.

    Usted confirma que los estudiantes mataron a parte de las mascotas exhibidas por televisión. Llegar a esa conclusión me costó a mí varias semanas de investigación. ¿Por qué si lo digo yo está mal, y si lo dice usted está bien?

  3. Fabian Espinola / Ene 2 2009 3:12

    No comparto las opiniones-interpretaciones del autor de este artículo.
    Además cuando me nombra en distintos párrafos se equivoca en la mayoría de ellos. Específicamente, jamás la policía de investigaciones (PDI) pidió mi participación, mi labor fue encomendada por CEFU por ser director técnico del área veterinaria de esta organización. Yo no sabía que se eutanasiarían animales pero era fácil suponer la condición en que se encontrarían muchos de ellos y que sería mejor terminar con su sufrimiento, sin embargo yo no vi que se hicieran eutanasias, sí vi que la PDI hizo el procedimiento investigativo a puerta cerrada durante dos horas, sin periodistas ni estudiantes ni animalistas, etc. Me consta que los estudiantes que se nombran en este artículo ingresaron mucho después y que no tienen relación con la aparición de los primeros perros y gatos muertos puestos en hileras; además sería mejor hablar de los docentes que tenían estudiantes a su cargo y no ensuciar el tema haciendo creer que estudiantes actuaban sin supervisión y haciendo ejercicio ilegal de la profesión. Por lo demás valoro la buena intención de los médicos veterinarios participantes y la universidad a la que representan.
    Por otro lado, yo sí entré al recinto, vi lo que comenté en la página donde yo personalmente escribo y luego de 10 minutos de poder inspeccionar el interior de la mal llamada protectora fui retirado…

    …La verdad es que son tantos lo errores que me hacen invalidar este artículo que no amerita que me detenga en seguir detallando las faltas.

    Respeto que el autor pueda expresarse libremente, pero es mi obligación decir que se hacen interpretaciones erróneas de mi participación y mi pensar y que gran cantidad de fuentes que se presentan (lo que es bueno) se mezclan con malas interpretaciones del autor.
    Se despide, respetuosamente
    Dr. Fabián Espínola Q.
    Director técnico área veterinaria de CEFU.

  4. alfredo / May 15 2009 20:49

    NUNCA IMAGINE QUE ALGUIEN PUDIERA UNIR TODOS ESA INFORMACION. ME LLAMA LA ATENCION QUE ALGUIEN DE CON UNA VERDAD HA PESAR DE LA DISTORCION Y MONTAJE QUE SE ARMÓ.
    LO DIGO PORQUE FUI TESTIGO DE LA SITUACION Y NADIE ME CREE LO QUE LES DIGO
    GRACIASA DIOSA ALGUIEN SE LE ILUMINÓ SU CEREBRO.
    LO FELICITO

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