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31 mayo, 2009 / pepa

castiguemos a las víctimas (perros y democracia)


Me deja perpleja un comentario escrito por un funcionario municipal del áera de control canino (de la municipalidad de La Pintana). Dice:

“NO es responsabilidad municipal hacerse cargo de animales abandonados y definitivamente no lo vamos a hacer porque no tenemos por qué asumir responsabilidades que no nos competen ni pagar las cuentas de los irresponsables…”

Perpleja. Olvida esta persona que los que determinan las políticas municipales son individuos elegidos por los ciudadanos, para que administren convenientemente, de acuerdo a la voluntad popular. O no? Y estoy perpleja porque abiertamente reconoce -no sé si es consciente de lo que expresa- que la municipalidad (en que trabaja) no quiere hacerse cargo de los perros abandonados aduciendo que el problema lo crearon los ciudadanos irresponsables que abandonaron los perros.

Con la misma lógica la municipalidad debería eliminar todo servicio social que ofrezca, de modo que por ejemplo los ancianos abandonados sufran en sus carnes lo sinvergüenzas que son sus familiares al abandonarlos,  y los enfermos siquiátricos podrían morirse a concho en su soledad, pues tal vez algunos de ellos llegaron a su situación debido a traumas generados por la crueldad de sus educadores…

Es una postura irracional, y cruel ciertamente. Y por lo demás indica que desconoce qué atribuciones tiene como empleado público. Reproduzco mi respuesta:

“Me llama la atención, Manuel, que digas que no es responsabilidad de las municipalidades los perros abandonados y que por tanto no vais a encargaros de ellos. Me llama la atención porque la municipalidad no es otra cosa que la ciudadanía, organizada a cierto nivel; las autoridades muinicipales son personas elegidas por los vecinos.

Como ciudadana me parece que el problema de los perros abandonados hay que abordarlo mediante esterilización masiva, castigos al que abandona/maltrata al perro (además de educación/campañas de concientización). Pero claro, hasta que esas políticas no se apliquen o den fruto (y que yo sepa en ningún sitio se hace exactamente como debiese hacerse), los perros seguirán por la calle, solos; y los fondos municipales (así como los del estado), muy bien pueden y debieran ser también destinados a servicios de asistencia a estos perros, que sienten frío, hambre, soledad y enfermedades como tú y como yo. El hecho de que sea reprochable el acto de abandono, no justifica ni mucho menos que se castigue a los abandonados, que es lo que tú defiendes. A quien hay que castigar es a los individuos que abandonan/maltratan a los perros. Sólo a ellos. No hay que despistarse”.

Magaña tiene un vídeo también en que habla del sadismo de las autoridades en el manejo del tema animal. En definitiva es un problema de desprecio por la vida de los perros (especismo, pues). Refleja también, parece, la definición deficiente de democracia que se maneja.

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